¿Alta sensibilidad y sufrimiento emocional?

¿Correlación entre Alta Sensibilidad y sufrimiento emocional? ¿Existe? Si todo te desborda emocionalmente, lloras con frecuencia y no eres capaz de avanzar sin sufrir, sigue leyendo. En este artículo te voy a hablar de uno de los temas en los que más experiencia tengo a nivel individual…

Primero, ¿qué es el sufrimiento?

Es un estado emocional, normalmente alargado en el tiempo, que implica un desgaste psicológico inmenso y que nos impide avanzar y desplegar nuestro interior hacia fuera, afectándonos incluso en nuestra parte existencial.

La idea de que el sufrimiento puede ser contemplado desde dos perspectivas opuestas pero unidas entre sí, es tratada en muchas corrientes terapéuticas, donde una incluye que el sufrimiento puede llegar a destruir el yo y el propio sentido del sí mismo y donde la otra considera que puede impulsar, expandir y transformar profundamente y de manera positiva el verdadero potencial de nuestro ser.

¿Por qué se da?

Traumas infantiles, creencias, prejuicios, expectativas, predisposición genética, mal autoconcepto de nosotros mismos… Hay muchos motivos, tanto interpretativos y de predisposición conductual, como culturales y educacionales. Ciertos momentos vitales y las situaciones de nuestro exterior también pueden provocarnos dolor y malestar, como la muerte de un ser querido o la ruptura con nuestra pareja.

A mí me ha costado mucho tiempo comprender la diferencia entre el dolor y el sufrimiento. Todavía sé que me costará integrar completamente la idea. El dolor es algo que todo el mundo experimenta en su vida, es imposible no vivirlo, forma parte de la naturaleza humana. Pero el sufrimiento, como he dicho antes, es un estado emocional provocado por nuestra propia gestión emocional.

Esto lo que quiere decir es que, frente a un hecho determinado, es normal sentir dolor, pero se puede enquistar si no lo gestionamos. Cuando vamos arrastrando sufrimiento tras sufrimiento, y no lo resolvemos, lo vamos a sentir cada vez peor y derivará probablemente en ansiedad, depresiones, ideaciones suicidas… O, en los casos más extremos, el propio suicidio.

¿Cómo viven el sufrimiento las Personas Altamente Sensibles?

La mayoría de los PAS sufren de una manera más intensa, su diálogo interno suele hacerles “bullying”. Esto lo compruebo con cierta pena una y otra vez en Reddit (foro de habla inglesa en el que participo); estoy suscrita al apartado de HSP (Highly Sensitive Person) y la mayoría de las publicaciones que hace la gente es para pedir ayuda sobre cómo gestionar mejor sus emociones, o sobre el sufrimiento, el dolor de las críticas, la autoestima… Estamos llenos de malestar y no sabemos cómo mejorar. Al menos, como aspecto positivo, muchos nos paramos a reflexionar acerca de nuestro sufrimiento, porque suele ser tan intenso que no nos deja vivir.

Así que, dada mi experiencia con este tema, y mi búsqueda incesante por mi bienestar y por no tirarme por un puente, voy primero a tratar de explicar de una manera breve cómo surge el sufrimiento y después algunas técnicas que me han servido verdaderamente para sentirme UN POCO mejor. Adelanto que este tema es denso y tiene su complejidad. Dará para varios artículos además de este e iré desgranando la temática poco a poco…

Todo empieza cuando somos niños…

Muchas veces, durante la etapa infantil, padecemos situaciones desagradables y por nuestra inexperiencia y falta de educación emocional, lo vamos guardando en nuestro subconsciente de manera irresuelta. Típicamente se le suele decir al niño que no llore, que no sienta miedo y que no se enfade, obligándole de alguna forma a no expresar ni liberar esas emociones. En el futuro, ya como adultos, casi con total probabilidad vamos a ir viviendo situaciones que nos van a llevar a sentir ese mismo dolor infantil que no pudimos resolver entonces. 

Es como una especie de reflejo de algo que vivimos en el pasado. En el caso de un niño altamente sensible esto se puede volver una auténtica pesadilla, puesto que vivirá todo con un nivel mucho más intenso que el promedio y, por tanto, sus emociones enquistadas también serán mayores. El nivel de información y conexión que tiene un niño PAS de la realidad es muy alto. Perciben lo más mínimo, así que las carencias en su educación emocional y situaciones poco apropiadas, se pagarán caras.

Voy a explicarlo rápidamente. Supongamos que somos niños y que nuestras figuras de apego más importantes, no nos prestan atención, nos ignoran, nos mandan a callar, nos dicen que no lloremos, nos dan responsabilidades que no nos corresponden, nos sobreprotegen en exceso, le restan importancia a lo que nos pasa o, por el contrario, le dan demasiada importancia… O mucho peor aún, nos pegan, nos violan (pero no hace falta llegar a estos extremos para crear niños desbalanceados o con traumas, la gente no imagina ni por un momento lo fácil que es generar un trauma a una persona) Nosotros, aún no tenemos una voz interior desarrollada o consciente. 

Todo lo que vamos recibiendo de nuestro exterior se queda anclado en “el sótano” de nuestro cerebro y poco a poco se va conformando la voz consciente o racional que nos acompañará de adultos. Si las voces que hemos tenido como referencia no han sido lo suficientemente amorosas o equilibradas (que suele ser el caso, muchos padres no tienen ni idea de gestión emocional) es bastante probable que nuestra voz interior tire por el mismo camino. Nos empezaremos a machacar, a compadecer, a victimizar… creeremos que no podemos enfrentarnos al mundo con nuestros recursos o que no necesitamos nada de nadie. Pensaremos que el mundo nos lo debe todo o que nadie nos amará nunca. En fin, cada uno se montará su propia peliculita de quién es y de lo que la realidad es, cargando a la vez con heridas emocionales sobre nuestra espalda.

Cuando nos vayan ocurriendo eventos, nuestra voz interior las interpretará, eso a su vez generará una emoción, y ésta liberará en nuestro torrente sanguíneo miles de sustancias en nuestro cuerpo; dopamina, noradrenalina, norepinefrina, serotonina… las cuales generarán unas sensaciones que retroalimentarán nuestra voz interior para corroborarnos que estamos en lo cierto. Y así en un bucle sin fin. 

Hemos repetido tanto este ciclo, que nuestro cuerpo se ha vuelto nuestra mente. ¿Qué quiere decir eso? Que aunque podemos empezar a tener un diálogo más positivo con nosotros mismos, lo cierto es que no sentimos cambios. En realidad, modificar solo nuestro diálogo ya no va a cambiar lo que somos, hay que hacer un trabajo mucho más profundo. 

Esto se debe a varios aspectos; por una parte, el cuerpo ha secuestrado la mente, estamos ya en un piloto automático en el que frente a los mismos eventos que hemos vivido anteriormente, en nuestro cuerpo se liberan solas todas esas sustancias sin necesidad de “pensar en nada” o incluso pensando en algo positivo. Y por otra, las conexiones neuronales que se han ido formando a lo largo de años y años en nuestra cabeza, conforman ya un entramado muy fuerte difícil de cambiar (pero no imposible). Es como si estuviéramos programados para ser de una manera concreta. De ahí que muchas veces no valga con el mero hecho de querer cambiar o de ser consciente de la problemática que hay dentro de ti.

Quiero añadir que, aunque también he pasado por el psiquiatra, los antidepresivos y los ansiolíticos en la mayoría de las ocasiones no van a solucionar el asunto desde la base. Van a tratar los síntomas (la depresión y la ansiedad por ejemplo), y durante un tiempo tal vez te sientas mejor si es que los efectos secundarios no te dejan por el suelo como me ha pasado a mí. Si te va bien y los antidepresivos te ayudan un poco, aprovechando una mejoría, puedes empezar a trabajar en ti mismo, así no tienes que estar medicándote toda tu vida. Pero ojo, este trabajo interno puede implicar que toda tu vida cambie, y ya no volverás a ser el mismo nunca más. Todo tu mundo y todas las personas que te rodean cambiarán… Cuando tu realidad cambia, es una señal clara de que tu interior ha cambiado.

Creo firmemente que las Personas con Alta Sensibilidad son en realidad muy resistentes al dolor, puesto que al vivir un mayor número de estímulos, también deben lidiar con estos como buenamente pueden. Así que, aunque suelen ser tachados de quejicas o susceptibles, la realidad es muy diferente. Pero la mayoría están llenas de traumas emocionales que les impide relacionarse de una forma más saludable consigo y con los demás.

Técnicas o recursos que me han funcionado para sentirme mejor:

 
  • Lo primero de todo, como ya menciono en la página de inicio, es el trabajo interior, que comprende, entre otras cosas, todo lo que voy a ir describiendo a continuación…

  • Autoobservación. Esta es de las más importantes. Para salir de todas las creencias, expectativas, diálogo destructivo etc, el primer paso es la autoobservación de tus propios patrones mentales, de tus reacciones emocionales, de las palabras que usas, de cómo te mueves, de tu comportamiento SIN HACER NINGUNA EVALUACIÓN O JUICIO. Imagínate que eres un antropólogo y te sumerges en una cultura desconocida… Lo que harás es tomar notas en tu cuaderno sobre todo lo que ves, sin evaluar si lo que estás viendo es malo o bueno. Simplemente lo recoges. Esto es lo que haría un buen antropólogo, tratando de que su propia cultura y creencias no contaminen la observación. Seguramente las primeras veces que lo hagas, te quedarás atrapado en tus propias evaluaciones y entrarás en tu ego de nuevo. Te lo ilustro: supon que estás de camino al trabajo y de pronto te observas martirizándote porque tienes que ver a ese compañero que te cae fatal. Cuando te das cuenta, te dices, “uy, otra vez estoy pensando en él, mi cuerpo se ha encorvado sólo de pensarlo, me duele el estómago…” (Muy bien, aquí habrías hecho una observación) Pero a continuación te dices: ¡qué pesado soy siempre pensando en el tío ese!. (Evaluación de la observación) Ahí la autoobservación se estropea. Es normal que nos desviemos de la propia autoobservación, lleva un tiempo hasta que la dominamos, es un músculo. El ser humano tiene la maravillosa capacidad de la metacognición, es decir, ser conscientes de lo que pensamos y eso nos permite vernos desde afuera como un espectador.

  • Si te sientes fatal y desbordado emocionalmente, escribe. Ponlo todo en un papel, las sensaciones de tu cuerpo, los pensamientos y todo aquello que quieras. Te ayudará a aclarar la mente y a “vaciarte” mínimamente. A mí me encanta escribir desde que soy pequeña, y es algo que creo que me ha salvado en más de una ocasión. Puedes tener un cuaderno y así luego lo puedes revisar y autoobservarte 😉

  • Esto ya es un poquito más difícil, o al menos para mí lo ha sido: acepta tu sufrimiento. Acepta tu malestar, tu diálogo negativo, y tus partes oscuras con franqueza. Tu rabia y tu tristeza. A medida que te vayas observando vas a descubrir cosas de ti que no te van a enorgullecer, pero si luchas contra esto, se agrandará. Me he descubierto a mí misma más de una vez tratando de racionalizar al máximo lo que sentía, preguntándome por qué, cómo podía sentirme mejor, por qué no se me iba lo que sentía, por qué no mejoraba, para qué vivía esta o aquella situación… Hasta que un día leí en alguna parte que el que pone muros de razón muchas veces quiere evitar sentir. Cuando entramos en bucles de pensamientos obsesivos, se trata de una defensa que el cerebro ha aprendido como mecanismo de protección para que no sientas el dolor emocional. En el momento en el que he empezado a reconocer que algo me duele, que me da pena, que siento enfado o he tomado consciencia de un defecto o una carencia… y simplemente lo dejo estar ahí, sintiendo el malestar que me provoca, sin tratar de buscarle una explicación o evitar sentirme mal, al rato me siento muchísimo mejor. Aceptar con honestidad quienes somos a través de la compasión hacia nosotros mismos, nos dará automáticamente una sensación de ligereza y libertad. Aquí hago una pequeña aclaración; aceptación no es resignación. Si por ejemplo sientes que algo dentro de ti no te gusta, el que lo aceptes no significa que te tengas que quedar estanco en eso para siempre. Significa que reconoces tener eso dentro de ti en ESTE momento, que forma parte de ti AHORA, pero que irás trabajando con paciencia para mejorar. He escuchado a mucha gente decir, “es que soy así y no puedo cambiar…” No, lo que ocurre es que no quieres cambiar, estás más cómodo siendo un gruñón o una víctima, por ejemplo. No pasa nada, eso es que todavía no te pesa lo suficiente como para empezar a trabajar en el cambio, el cual siempre implica una constancia, y salir de nuestra propia “comodidad incómoda”. Muchas personas tienen miedo al cambio, a lo que vendrá, a la inseguridad de lo desconocido… A mí también me pasa. Y eso, sin entrar ya en las gananacias secundarias que más de un estado anímico nos puede generar

  • Inspírate, estudia y aprende de otras Personas Altamente Sensibles que viven bien su sensibilidad. No hay nada como rodearte de personas que son sensibles y se valoran, tienen confianza en sí mismas, han aprendido o siguen aprendiendo a gestionar sus emociones… Cuando han ido llegando personas sensibles a mi vida y se querían, estaban trabajando consigo y eran conscientes de sus dificultades y de sus fortalezas etc, ha sido un regalo. En mi vida ha pasado alguna que otra persona sensible que se sentía bien y se valoraba aunque lo hacían de forma inconsciente y natural, y ahora mismo las tengo hasta en grupo y de forma “despierta” por así decirlo, así que estoy encantada de poder aprender lo mejor de cada una de ellas y retroalimentarnos mutuamente de los aspectos positivos y apoyarnos con aquellas cosas que nos cuestan y duelen más. (Gracias otra vez a mis amigos y seres queridos)

  • Encamínate hacia tu sentido de vida. En mi interior siempre he sabido que esto es algo muy importante en la vida de las personas, sin embargo, yo he estado más perdida que el barco del arroz, como se dice aquí en Andalucía. Quería descubrir a toda costa para qué leches he nacido, qué vengo a hacer y crear en el mundo, y nada, no lo sabía, porque lo cierto es que me han gustado tantas cosas en mi vida, que no quería decidirme por ninguna porque pensaba que eso me delimitaría. Por otro lado, estaba llena de inseguridades; ¿y si me equivoco? ¿y si eso no es? ¿y si no soy lo suficientemente buena? Las Personas Altamente Sensibles saben que el propósito vital es algo importante, pero la mayoría desconocen cuál es el suyo. Son expertas en ver las cualidades y potencialidades de los otros, pero en sí mismos existe una duda profunda de quienes son. El problema es que muchas veces, nos pasamos toda la vida buscando nuestro propósito de vida, el qué hacer, cuando en realidad lo que estamos buscando es nuestro sentido de vida. ¿Y qué diferencia hay? Bueno, cada persona lo llama de una manera, pero un día llegó a mi vida una reflexión hermosa que hace sobre este tema Yokoi Kenji, un conferenciante que ha unido la cultura japonesa con la colombiana (sus raíces). Él explica que el sentido de vida y el propósito (Ikigai y Shimei en japonés) son en realidad lo mismo, pero uno está orientado hacia dentro y el otro hacia afuera. Uno (el propósito) busca la realización de quienes somos en el mundo exterior y el otro (el sentido), la realización propia independientemente de lo que se haga. Las personas nos obsesionamos con nuestro “proyecto de vida” y el “para qué he nacido” mucho antes de aprender a aceptarnos, a vivir en paz, a tener gratitud y a entendernos a nosotros mismos. En definitiva, a ser. Vivimos en una sociedad que ha estado completamente enfocada en el hacer, hacer y hacer y nos hemos desconectado de quienes somos, buscando fuera todas las respuestas. Así que, si no sabes muy bien qué hacer con tu vida, dedica algún tiempo (aunque sería mejor toda la vida) a tu sentido vital; tú mismo. Es probable que descubras tu propósito cuando empieces a trabajar en esa falta de sentido, puesto que es la base para la construcción de tu propósito.

  • Toma acción. Cuando empiezas a digerir que la mayor parte del sufrimiento emocional lo generas tú mismo manteniendo antiguos paradigmas o relaciones que te intoxican etc, es necesario ir dando pequeños pasos. El sufrimiento y el malestar nos hace estar como estáticos, y aunque conocemos estas sensaciones tremendamente negativas, seguimos ahí sin saber hacia donde movernos o sin atrevernos a avanzar. Esto es debido a la seguridad que le supone al cerebro lo conocido. Lo desconocido es mucho más peligroso para nuestra mente y ésta siempre prefiere quedarse en algo que ya conoce a dirigirnos hacia algo nuevo donde no sabemos qué va a pasar. Tómate el tiempo que necesites para la reflexión, el aprendizaje, la autoobservación etc, pero como dije en párrafos anteriores, ser consciente de algo no implica un cambio. El cambio se genera haciendo algo nuevo y diferente que hasta ahora no habíamos probado. Y eso siempre implica un riesgo. Si tienes claro cuál es tu objetivo, pero es a largo plazo, divídelo en objetivos específicos para ir viendo un avance más rápidamente. Sentirnos bien con nosotros mismos no se logra de la noche a la mañana, a menos que hayas tenido una iluminación, que no es mi caso. Por tanto, si te has propuesto dejar de sufrir, ten en cuenta que es un camino lento y que dispone de ciertas tareas. Hay que generar hábitos para implantar nuevas realidades en nuestro cuerpo e ir perdiendo el mal hábito del sufrimiento.

  • Para ello, crea un plan de acción (planning), un contrato o compromiso. Ahora mismo me encuentro haciendo eso exactamente. Hasta ahora, todo mi camino de sanación ha sido improvisado y sin estructura, yendo un poco en base al día a día. Pero veo que me falta constancia y caigo fácilmente en el malestar. Muchas personas quieren sanar pero no saben cómo o por dónde empezar. A la pregunta de “¿estás dispuesto a cambiar, trabajar etc?” se contesta de forma afirmativa, pero luego no tenemos disciplina ni dirección. Así que te invito a planificar con qué frecuencia vas a trabajar en ti mismo y en tus emociones; una hora al día, dos días a la semana, tres veces por semana… En qué te vas a enfocar; cada vez que te pongas a ello y basado en tus necesidades; meditación, cómo gestiono la crítica, cómo ser más asertivo, mi diálogo interior, cómo mejorar mi dieta, cuidar mi cuerpo, conectar en la naturaleza, despertar mi creatividad… la lista es infinita. Cómo vas a hacerlo; con qué herramientas, recursos, cómo vas a contabilizar y recoger tu propio trabajo para que así puedas ver tus avances y no olvidar hasta donde has llegado. Y por último, tu acompañamiento; puedes contar con un terapeuta si tu economía te lo permite, con un grupo de apoyo (o ambas) o un buen amigo/amiga que esté en un camino parecido al tuyo. Es muy importante que sepas que el proceso de alguna manera lo hacemos solos, pero que será más fácil cuando haya alguien a nuestro lado que nos apoye o nos comprenda. Los seres humanos estamos hechos para compartir y vivir juntos, pero a nivel social muchas veces se procura todo lo contrario y que las personas estemos desconectadas las unas de las otras. Así que busca siempre que te sea posible una comunidad, un grupo de personas que tengan experiencia, conocimiento y que tengan mentes o procesos parecidos al tuyo.

 

Los PAS podemos llegar a tener un nivel de sufrimiento extremo por la relación que tenemos con nosotros mismos. Puede ser que nos juzguemos, nos critiquemos, nos autocastiguemos etc. En mi experiencia, he tenido una relación penosa conmigo, y no me siento orgullosa por el automaltrato que me he llegado a hacer a mí misma ahora que veo las cosas un poco más claras. Mi sufrimiento a través de mi propio odio y de cómo he vivido situaciones en mi vida ha sido tan grande que más de una vez he creído que solo matarme aliviaría lo que sentía, no veía escapatoria. Mi estrés psicológico era terrible y a veces reventaba de la peor manera posible, auto-rechazándome y agrediéndome. Agradezco que el miedo a verme morir hiciera su trabajo y no acabara tirándome por la ventana.

Ahora he ido aprendiendo a reírme de todo eso, me siento bien dándole cierto humor. Tal vez para algunas personas esto todavía es muy delicado y jamás se reirían de algo así, y desde luego no lo banalizo en absoluto, pero siento que el humor me hace vivirlo desde una postura mucho menos víctima. Cuando alguien me cuenta su propio sufrimiento y dolor, siento mucha compasión, también puede producirme tristeza momentánea, pero en general comprendo perfectamente lo que la otra persona me cuenta, debido a mi parte más empática y al nivel tan grande de sufrimiento que he soportado.

Por último me gustaría añadir que el sufrimiento (mantenido en el tiempo) es también un signo de que no estamos en el sitio correcto o haciendo lo que nos corresponde. Básicamente es un indicativo para advertirnos de que “por ahí no es” o no estamos enfocando las cosas desde un punto de vista adecuado para nosotros. El sufrimiento es generado por una resistencia a lo que la realidad ES. Una lucha (inconsciente muchas veces) que no nos deja vivir porque querríamos que las cosas (o nosotros) fueran diferentes. Este fuerte malestar siempre trae cosas implícitas… Por tanto, hay que tomarlo como UNA OPORTUNIDAD para descubrir qué es lo que no marcha en nosotros o en nuestra vida, e investigar qué rumbo queremos darle o cómo queremos tomarnos las cosas para vivir más en armonía con nosotros mismos.

Este compromiso no es decir “a partir de ahora voy a ser otra persona” ni es algo que haces durante un tiempo, unos meses y luego te pones a sonreír y ya eres feliz. Esto es más bien una elección de un estilo de vida consciente y compasivo con uno mismo. Así que tómatelo como un camino de fondo… 

¡Gracias!

 

En este artículo voy a hablar sobre la Alta Sensibilidad y el sufrimiento emocional, uno de los temas en los que más experiencia tengo a nivel individual…

Primero, ¿qué es el sufrimiento?

Es un estado emocional, normalmente alargado en el tiempo, que implica un desgaste psicológico inmenso y que nos impide avanzar y desplegar nuestro interior hacia fuera, afectándonos incluso en nuestra parte existencial.

La idea de que el sufrimiento puede ser contemplado desde dos perspectivas opuestas pero unidas entre sí, es tratada en muchas corrientes terapéuticas, donde una incluye que el sufrimiento puede llegar a destruir el yo y el propio sentido del sí mismo y donde la otra considera que puede impulsar, expandir y transformar profundamente y de manera positiva el verdadero potencial de nuestro ser.

¿Por qué se da?

Traumas infantiles, creencias, prejuicios, expectativas, predisposición genética, mal autoconcepto de nosotros mismos… Hay muchos motivos, tanto interpretativos y de predisposición conductual, como culturales y educacionales. Ciertos momentos vitales y las situaciones de nuestro exterior también pueden provocarnos dolor y malestar, como la muerte de un ser querido o la ruptura con nuestra pareja.

A mí me ha costado mucho tiempo comprender la diferencia entre el dolor y el sufrimiento. Todavía sé que me costará integrar completamente la idea. El dolor es algo que todo el mundo experimenta en su vida, es imposible no vivirlo, forma parte de la naturaleza humana. Pero el sufrimiento, como he dicho antes, es un estado emocional provocado por nuestra propia gestión emocional.

Esto lo que quiere decir es que, frente a un hecho determinado, es normal sentir dolor, pero se puede enquistar si no lo gestionamos. Cuando vamos arrastrando sufrimiento tras sufrimiento, y no lo resolvemos, lo vamos a sentir cada vez peor y derivará probablemente en ansiedad, depresiones, ideaciones suicidas… O, en los casos más extremos, el propio suicidio.

¿Cómo viven el sufrimiento las Personas Altamente Sensibles?

La mayoría de los PAS sufren de una manera más intensa, su diálogo interno suele hacerles “bullying”. Esto lo compruebo con cierta pena una y otra vez en Reddit (foro de habla inglesa en el que participo); estoy suscrita al apartado de HSP (Highly Sensitive Person) y la mayoría de las publicaciones que hace la gente es para pedir ayuda sobre cómo gestionar mejor sus emociones, o sobre el sufrimiento, el dolor de las críticas, la autoestima… Estamos llenos de malestar y no sabemos cómo mejorar. Al menos, como aspecto positivo, muchos nos paramos a reflexionar acerca de nuestro sufrimiento, porque suele ser tan intenso que no nos deja vivir.

Así que, dada mi experiencia con este tema, y mi búsqueda incesante por mi bienestar y por no tirarme por un puente, voy primero a tratar de explicar de una manera breve cómo surge el sufrimiento y después algunas técnicas que me han servido verdaderamente para sentirme UN POCO mejor. Adelanto que este tema es denso y tiene su complejidad. Dará para varios artículos además de este e iré desgranando la temática poco a poco…

Todo empieza cuando somos niños. Muchas veces, durante la etapa infantil, padecemos situaciones desagradables y por nuestra inexperiencia y falta de educación emocional, lo vamos guardando en nuestro subconsciente de manera irresuelta. Típicamente se le suele decir al niño que no llore, que no sienta miedo y que no se enfade, obligándole de alguna forma a no expresar ni liberar esas emociones. En el futuro, ya como adultos, casi con total probabilidad vamos a ir viviendo situaciones que nos van a llevar a sentir ese mismo dolor infantil que no pudimos resolver entonces. 

Es como una especie de reflejo de algo que vivimos en el pasado. En el caso de un niño altamente sensible esto se puede volver una auténtica pesadilla, puesto que vivirá todo con un nivel mucho más intenso que el promedio y, por tanto, sus emociones enquistadas también serán mayores. El nivel de información y conexión que tiene un niño PAS de la realidad es muy alto. Perciben lo más mínimo, así que las carencias en su educación emocional y situaciones poco apropiadas, se pagarán caras.

Voy a explicarlo rápidamente. Supongamos que somos niños y que nuestras figuras de apego más importantes, no nos prestan atención, nos ignoran, nos mandan a callar, nos dicen que no lloremos, nos dan responsabilidades que no nos corresponden, nos sobreprotegen en exceso, le restan importancia a lo que nos pasa o, por el contrario, le dan demasiada importancia… O mucho peor aún, nos pegan, nos violan (pero no hace falta llegar a estos extremos para crear niños desbalanceados o con traumas, la gente no imagina ni por un momento lo fácil que es generar un trauma a una persona) Nosotros, aún no tenemos una voz interior desarrollada o consciente. 

Todo lo que vamos recibiendo de nuestro exterior se queda anclado en “el sótano” de nuestro cerebro y poco a poco se va conformando la voz consciente o racional que nos acompañará de adultos. Si las voces que hemos tenido como referencia no han sido lo suficientemente amorosas o equilibradas (que suele ser el caso, muchos padres no tienen ni idea de gestión emocional) es bastante probable que nuestra voz interior tire por el mismo camino. Nos empezaremos a machacar, a compadecer, a victimizar… creeremos que no podemos enfrentarnos al mundo con nuestros recursos o que no necesitamos nada de nadie. Pensaremos que el mundo nos lo debe todo o que nadie nos amará nunca. En fin, cada uno se montará su propia peliculita de quién es y de lo que la realidad es, cargando a la vez con heridas emocionales sobre nuestra espalda.

Cuando nos vayan ocurriendo eventos, nuestra voz interior las interpretará, eso a su vez generará una emoción, y ésta liberará en nuestro torrente sanguíneo miles de sustancias en nuestro cuerpo; dopamina, noradrenalina, norepinefrina, serotonina… las cuales generarán unas sensaciones que retroalimentarán nuestra voz interior para corroborarnos que estamos en lo cierto. Y así en un bucle sin fin. 

Hemos repetido tanto este ciclo, que nuestro cuerpo se ha vuelto nuestra mente. ¿Qué quiere decir eso? Que aunque podemos empezar a tener un diálogo más positivo con nosotros mismos, lo cierto es que no sentimos cambios. En realidad, modificar solo nuestro diálogo ya no va a cambiar lo que somos, hay que hacer un trabajo mucho más profundo. 

Esto se debe a varios aspectos; por una parte, el cuerpo ha secuestrado la mente, estamos ya en un piloto automático en el que frente a los mismos eventos que hemos vivido anteriormente, en nuestro cuerpo se liberan solas todas esas sustancias sin necesidad de “pensar en nada” o incluso pensando en algo positivo. Y por otra, las conexiones neuronales que se han ido formando a lo largo de años y años en nuestra cabeza, conforman ya un entramado muy fuerte difícil de cambiar (pero no imposible). Es como si estuviéramos programados para ser de una manera concreta. De ahí que muchas veces no valga con el mero hecho de querer cambiar o de ser consciente de la problemática que hay dentro de ti.

Quiero añadir que, aunque también he pasado por el psiquiatra, los antidepresivos y los ansiolíticos en la mayoría de las ocasiones no van a solucionar el asunto desde la base. Van a tratar los síntomas (la depresión y la ansiedad por ejemplo), y durante un tiempo tal vez te sientas mejor si es que los efectos secundarios no te dejan por el suelo como me ha pasado a mí. Si te va bien y los antidepresivos te ayudan un poco, aprovechando una mejoría, puedes empezar a trabajar en ti mismo, así no tienes que estar medicándote toda tu vida. Pero ojo, este trabajo interno puede implicar que toda tu vida cambie, y ya no volverás a ser el mismo nunca más. Todo tu mundo y todas las personas que te rodean cambiarán… Cuando tu realidad cambia, es una señal clara de que tu interior ha cambiado.

Creo firmemente que las Personas con Alta Sensibilidad son en realidad muy resistentes al dolor, puesto que al vivir un mayor número de estímulos, también deben lidiar con estos como buenamente pueden. Así que, aunque suelen ser tachados de quejicas o susceptibles, la realidad es muy diferente. Pero la mayoría están llenas de traumas emocionales que les impide relacionarse de una forma más saludable consigo y con los demás.

Técnicas o recursos que me han funcionado para sentirme mejor:

 
  • Lo primero de todo, como ya menciono en la página de inicio, es el trabajo interior, que comprende, entre otras cosas, todo lo que voy a ir describiendo a continuación…

  • Autoobservación. Esta es de las más importantes. Para salir de todas las creencias, expectativas, diálogo destructivo etc, el primer paso es la autoobservación de tus propios patrones mentales, de tus reacciones emocionales, de las palabras que usas, de cómo te mueves, de tu comportamiento SIN HACER NINGUNA EVALUACIÓN O JUICIO. Imagínate que eres un antropólogo y te sumerges en una cultura desconocida… Lo que harás es tomar notas en tu cuaderno sobre todo lo que ves, sin evaluar si lo que estás viendo es malo o bueno. Simplemente lo recoges. Esto es lo que haría un buen antropólogo, tratando de que su propia cultura y creencias no contaminen la observación. Seguramente las primeras veces que lo hagas, te quedarás atrapado en tus propias evaluaciones y entrarás en tu ego de nuevo. Te lo ilustro: supon que estás de camino al trabajo y de pronto te observas martirizándote porque tienes que ver a ese compañero que te cae fatal. Cuando te das cuenta, te dices, “uy, otra vez estoy pensando en él, mi cuerpo se ha encorvado sólo de pensarlo, me duele el estómago…” (Muy bien, aquí habrías hecho una observación) Pero a continuación te dices: ¡qué pesado soy siempre pensando en el tío ese!. (Evaluación de la observación) Ahí la autoobservación se estropea. Es normal que nos desviemos de la propia autoobservación, lleva un tiempo hasta que la dominamos, es un músculo. El ser humano tiene la maravillosa capacidad de la metacognición, es decir, ser conscientes de lo que pensamos y eso nos permite vernos desde afuera como un espectador.

  • Si te sientes fatal y desbordado emocionalmente, escribe. Ponlo todo en un papel, las sensaciones de tu cuerpo, los pensamientos y todo aquello que quieras. Te ayudará a aclarar la mente y a “vaciarte” mínimamente. A mí me encanta escribir desde que soy pequeña, y es algo que creo que me ha salvado en más de una ocasión. Puedes tener un cuaderno y así luego lo puedes revisar y autoobservarte 😉

  • Esto ya es un poquito más difícil, o al menos para mí lo ha sido: acepta tu sufrimiento. Acepta tu malestar, tu diálogo negativo, y tus partes oscuras con franqueza. Tu rabia y tu tristeza. A medida que te vayas observando vas a descubrir cosas de ti que no te van a enorgullecer, pero si luchas contra esto, se agrandará. Me he descubierto a mí misma más de una vez tratando de racionalizar al máximo lo que sentía, preguntándome por qué, cómo podía sentirme mejor, por qué no se me iba lo que sentía, por qué no mejoraba, para qué vivía esta o aquella situación… Hasta que un día leí en alguna parte que el que pone muros de razón muchas veces quiere evitar sentir. Cuando entramos en bucles de pensamientos obsesivos, se trata de una defensa que el cerebro ha aprendido como mecanismo de protección para que no sientas el dolor emocional. En el momento en el que he empezado a reconocer que algo me duele, que me da pena, que siento enfado o he tomado consciencia de un defecto o una carencia… y simplemente lo dejo estar ahí, sintiendo el malestar que me provoca, sin tratar de buscarle una explicación o evitar sentirme mal, al rato me siento muchísimo mejor. Aceptar con honestidad quienes somos a través de la compasión hacia nosotros mismos, nos dará automáticamente una sensación de ligereza y libertad. Aquí hago una pequeña aclaración; aceptación no es resignación. Si por ejemplo sientes que algo dentro de ti no te gusta, el que lo aceptes no significa que te tengas que quedar estanco en eso para siempre. Significa que reconoces tener eso dentro de ti en ESTE momento, que forma parte de ti AHORA, pero que irás trabajando con paciencia para mejorar. He escuchado a mucha gente decir, “es que soy así y no puedo cambiar…” No, lo que ocurre es que no quieres cambiar, estás más cómodo siendo un gruñón o una víctima, por ejemplo. No pasa nada, eso es que todavía no te pesa lo suficiente como para empezar a trabajar en el cambio, el cual siempre implica una constancia, y salir de nuestra propia “comodidad incómoda”. Muchas personas tienen miedo al cambio, a lo que vendrá, a la inseguridad de lo desconocido… A mí también me pasa. Y eso, sin entrar ya en las gananacias secundarias que más de un estado anímico nos puede generar

  • Inspírate, estudia y aprende de otras Personas Altamente Sensibles que viven bien su sensibilidad. No hay nada como rodearte de personas que son sensibles y se valoran, tienen confianza en sí mismas, han aprendido o siguen aprendiendo a gestionar sus emociones… Cuando han ido llegando personas sensibles a mi vida y se querían, estaban trabajando consigo y eran conscientes de sus dificultades y de sus fortalezas etc, ha sido un regalo. En mi vida ha pasado alguna que otra persona sensible que se sentía bien y se valoraba aunque lo hacían de forma inconsciente y natural, y ahora mismo las tengo hasta en grupo y de forma »despierta» por así decirlo, así que estoy encantada de poder aprender lo mejor de cada una de ellas y retroalimentarnos mutuamente de los aspectos positivos y apoyarnos con aquellas cosas que nos cuestan y duelen más. (Gracias otra vez a mis amigos y seres queridos)

  • Encamínate hacia tu sentido de vida. En mi interior siempre he sabido que esto es algo muy importante en la vida de las personas, sin embargo, yo he estado más perdida que el barco del arroz, como se dice aquí en Andalucía. Quería descubrir a toda costa para qué leches he nacido, qué vengo a hacer y crear en el mundo, y nada, no lo sabía, porque lo cierto es que me han gustado tantas cosas en mi vida, que no quería decidirme por ninguna porque pensaba que eso me delimitaría. Por otro lado, estaba llena de inseguridades; ¿y si me equivoco? ¿y si eso no es? ¿y si no soy lo suficientemente buena? Las Personas Altamente Sensibles saben que el propósito vital es algo importante, pero la mayoría desconocen cuál es el suyo. Son expertas en ver las cualidades y potencialidades de los otros, pero en sí mismos existe una duda profunda de quienes son. El problema es que muchas veces, nos pasamos toda la vida buscando nuestro propósito de vida, el qué hacer, cuando en realidad lo que estamos buscando es nuestro sentido de vida. ¿Y qué diferencia hay? Bueno, cada persona lo llama de una manera, pero un día llegó a mi vida una reflexión hermosa que hace sobre este tema Yokoi Kenji, un conferenciante que ha unido la cultura japonesa con la colombiana (sus raíces). Él explica que el sentido de vida y el propósito (Ikigai y Shimei en japonés) son en realidad lo mismo, pero uno está orientado hacia dentro y el otro hacia afuera. Uno (el propósito) busca la realización de quienes somos en el mundo exterior y el otro (el sentido), la realización propia independientemente de lo que se haga. Las personas nos obsesionamos con nuestro “proyecto de vida” y el “para qué he nacido” mucho antes de aprender a aceptarnos, a vivir en paz, a tener gratitud y a entendernos a nosotros mismos. En definitiva, a ser. Vivimos en una sociedad que ha estado completamente enfocada en el hacer, hacer y hacer y nos hemos desconectado de quienes somos, buscando fuera todas las respuestas. Así que, si no sabes muy bien qué hacer con tu vida, dedica algún tiempo (aunque sería mejor toda la vida) a tu sentido vital; tú mismo. Es probable que descubras tu propósito cuando empieces a trabajar en esa falta de sentido, puesto que es la base para la construcción de tu propósito.

  • Toma acción. Cuando empiezas a digerir que la mayor parte del sufrimiento emocional lo generas tú mismo manteniendo antiguos paradigmas o relaciones que te intoxican etc, es necesario ir dando pequeños pasos. El sufrimiento y el malestar nos hace estar como estáticos, y aunque conocemos estas sensaciones tremendamente negativas, seguimos ahí sin saber hacia donde movernos o sin atrevernos a avanzar. Esto es debido a la seguridad que le supone al cerebro lo conocido. Lo desconocido es mucho más peligroso para nuestra mente y ésta siempre prefiere quedarse en algo que ya conoce a dirigirnos hacia algo nuevo donde no sabemos qué va a pasar. Tómate el tiempo que necesites para la reflexión, el aprendizaje, la autoobservación etc, pero como dije en párrafos anteriores, ser consciente de algo no implica un cambio. El cambio se genera haciendo algo nuevo y diferente que hasta ahora no habíamos probado. Y eso siempre implica un riesgo. Si tienes claro cuál es tu objetivo, pero es a largo plazo, divídelo en objetivos específicos para ir viendo un avance más rápidamente. Sentirnos bien con nosotros mismos no se logra de la noche a la mañana, a menos que hayas tenido una iluminación, que no es mi caso. Por tanto, si te has propuesto dejar de sufrir, ten en cuenta que es un camino lento y que dispone de ciertas tareas. Hay que generar hábitos para implantar nuevas realidades en nuestro cuerpo e ir perdiendo el mal hábito del sufrimiento.

  • Para ello, crea un plan de acción (planning), un contrato o compromiso. Ahora mismo me encuentro haciendo eso exactamente. Hasta ahora, todo mi camino de sanación ha sido improvisado y sin estructura, yendo un poco en base al día a día. Pero veo que me falta constancia y caigo fácilmente en el malestar. Muchas personas quieren sanar pero no saben cómo o por dónde empezar. A la pregunta de “¿estás dispuesto a cambiar, trabajar etc?” se contesta de forma afirmativa, pero luego no tenemos disciplina ni dirección. Así que te invito a planificar con qué frecuencia vas a trabajar en ti mismo y en tus emociones; una hora al día, dos días a la semana, tres veces por semana… En qué te vas a enfocar; cada vez que te pongas a ello y basado en tus necesidades; meditación, cómo gestiono la crítica, cómo ser más asertivo, mi diálogo interior, cómo mejorar mi dieta, cuidar mi cuerpo, conectar en la naturaleza, despertar mi creatividad… la lista es infinita. Cómo vas a hacerlo; con qué herramientas, recursos, cómo vas a contabilizar y recoger tu propio trabajo para que así puedas ver tus avances y no olvidar hasta donde has llegado. Y por último, tu acompañamiento; puedes contar con un terapeuta si tu economía te lo permite, con un grupo de apoyo (o ambas) o un buen amigo/amiga que esté en un camino parecido al tuyo. Es muy importante que sepas que el proceso de alguna manera lo hacemos solos, pero que será más fácil cuando haya alguien a nuestro lado que nos apoye o nos comprenda. Los seres humanos estamos hechos para compartir y vivir juntos, pero a nivel social muchas veces se procura todo lo contrario y que las personas estemos desconectadas las unas de las otras. Así que busca siempre que te sea posible una comunidad, un grupo de personas que tengan experiencia, conocimiento y que tengan mentes o procesos parecidos al tuyo.

 

Los PAS podemos llegar a tener un nivel de sufrimiento extremo por la relación que tenemos con nosotros mismos. Puede ser que nos juzguemos, nos critiquemos, nos autocastiguemos etc. En mi experiencia, he tenido una relación penosa conmigo, y no me siento orgullosa por el automaltrato que me he llegado a hacer a mí misma ahora que veo las cosas un poco más claras. Mi sufrimiento a través de mi propio odio y de cómo he vivido situaciones en mi vida ha sido tan grande que más de una vez he creído que solo matarme aliviaría lo que sentía, no veía escapatoria. Mi estrés psicológico era terrible y a veces reventaba de la peor manera posible, auto-rechazándome y agrediéndome. Agradezco que el miedo a verme morir hiciera su trabajo y no acabara tirándome por la ventana.

Ahora he ido aprendiendo a reírme de todo eso, me siento bien dándole cierto humor. Tal vez para algunas personas esto todavía es muy delicado y jamás se reirían de algo así, y desde luego no lo banalizo en absoluto, pero siento que el humor me hace vivirlo desde una postura mucho menos víctima. Cuando alguien me cuenta su propio sufrimiento y dolor, siento mucha compasión, también puede producirme tristeza momentánea, pero en general comprendo perfectamente lo que la otra persona me cuenta, debido a mi parte más empática y al nivel tan grande de sufrimiento que he soportado.

Por último me gustaría añadir que el sufrimiento (mantenido en el tiempo) es también un signo de que no estamos en el sitio correcto o haciendo lo que nos corresponde. Básicamente es un indicativo para advertirnos de que “por ahí no es” o no estamos enfocando las cosas desde un punto de vista adecuado para nosotros. El sufrimiento es generado por una resistencia a lo que la realidad ES. Una lucha (inconsciente muchas veces) que no nos deja vivir porque querríamos que las cosas (o nosotros) fueran diferentes. Este fuerte malestar siempre trae cosas implícitas… Por tanto, hay que tomarlo como UNA OPORTUNIDAD para descubrir qué es lo que no marcha en nosotros o en nuestra vida, e investigar qué rumbo queremos darle o cómo queremos tomarnos las cosas para vivir más en armonía con nosotros mismos.

Este compromiso no es decir “a partir de ahora voy a ser otra persona” ni es algo que haces durante un tiempo, unos meses y luego te pones a sonreír y ya eres feliz. Esto es más bien una elección de un estilo de vida consciente y compasivo con uno mismo. Así que tómatelo como un camino de fondo… 

¡Gracias!

 

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